El prejuicio tambien se lee


Desde el primer libro que tomé prestado de la biblioteca de mis abuelos, siempre leí cualquier cosa que llegara a mis manos. En ese entonces, no existía en mí prejuicio alguno sobre qué leer o no; es así como llegué a leer libros que quizá tenían un contenido adulto que no eran acordes con mi edad.
He leido clasicos de la literatura a una edad muy temprana y fue eso lo que me convenció que mi camino universitario era el de las Letras. Debo decir que no me equivoqué, disfruté mucho descubriendo obras que no había leído o redescubrir obras ya leídas con las herramientas que me brindó la carrera.
pasó el tiempo y algo ocurrió en el camino. Ese análisis exhaustivo y académico se volvió algo elevado, disfrutable, si; pero se convirtió para mí, en un hábito que debía ser de análisis. ese hábito que me había enamorado a temprana edad me tenía que dejar algo que luego pudiera usar para el ambiente académico que pertenecía.
Pero algo cambió.
Casi por casualidad, una tarde de verano me topé con un libro de romance. En ese momento no tenía mucho que hacer, entonces pensé ¿por qué no? Fue en ese momento en que retomé la lectura como hábito de ocio y placer.
Durante todo ese tiempo, pasé por diferentes etapas: la del ocultamiento; como yo, que era una persona culta, iba admitir abiertamente que leo literatura ligera o "de chicas", la etapa "del bueno, no me da vergüenza pero me lo guardo para mí, es privado";para finalmente, la etapa de "sí, abrazo el gusto por este tipo de literatura y no me avergüenzo de eso.
En conclusión, puedo decir que la lectura de este tipo de literatura ligera me ha ayudado a relajar mi mente y a despejar mi cabeza, ya que sin ella no hubiera podido trabajar con otro tipo de libros que requerian otro tipo de atención y análisis.



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